¿Te asusta el desconfinamiento? La verdad tras el mito de la “fiebre de cabaña”

por | Jul 27, 2020 | Vivir Mejor

Te has pasado toda la cuarentena fantaseando con lo que harás apenas se termine el encierro: viajar, pasear, ir de fiesta con tus amigos, visitar a cada miembro de tu familia e incluso volver al gimnasio o a la oficina. Hasta que ese momento llegue, estos sueños te mantienen con la esperanza y la motivación suficientes para continuar siendo responsable, respetando las normas sanitarias y quedándote en casa. 

Pero en aquellos países que ya han comenzado el proceso de desconfinamiento, existe un concepto que se ha vuelto muy popular entre la población: el síndrome de la cabaña o de la “fiebre de cabaña”. ¿Es posible que, después de tanto tiempo aislados, ya no estamos preparados para volver al mundo exterior?

EL TRASTORNO QUE NO EXISTE 

Hace mucho tiempo, se creía que la fiebre y algunos leves problemas respiratorios eran síntomas clásicos de un trastorno psicológico particular, experimentado por aquellas personas que habían pasado un período aislados en un entorno rural. Sin embargo, con el paso de los años, sabemos que lo que los doctores antes diagnosticaban como “fiebre de cabaña”, probablemente se haya tratado, nada más ni nada menos, que de un contagio de virus Hanta. 

Decepcionante, ¿no? Pero si bien ya sabemos que el mencionado síndrome de “la fiebre de cabaña” no es un en realidad un trastorno psicológico, sí esconde cierta verdad sobre el aislamiento. El fenómeno de la “fiebre de cabaña” (cabin fever en inglés) se refiere al miedo a salir de casa que sienten algunas personas, especialmente tras mucho tiempo aisladas en solitario. Hoy, a la prolongada cuarentena se suma también el temor al virus, que se manifiesta en una tendencia de las personas a experimentar miedo de salir y contagiarse de COVID-19

LIBERTAD, ¿AL FIN? 

“Quédate en casa” sigue siendo el principal lema de esta pandemia y la única herramienta que tenemos para defendernos del virus. Y si bien no fue fácil, la cuarentena poco a poco se fue transformando en un nuevo estilo de vida: el hogar es ahora nuestro refugio, un templo de seguridad, sinónimo de protección. 

Para muchas personas, pasar de ver la casa como una prisión a verla como un centro de calma y tranquilidad no fue un proceso fácil. Abandonar tus paseos en el parque, tus panoramas con amigos, tus actividades en familia… ¿sólo para que, de un momento a otro, las cosas vuelvan a cambiar? Después de tanto tiempo convenciéndose de que el exterior no era un espacio seguro, muchas personas no se sienten preparadas para volver a la normalidad como si nada. 

TODOS SOMOS DIFERENTES 

No, no es que estas personas se hayan vuelto locas. Lo que sienten es una consecuencia natural a los grandes y repentinos cambios que hemos sufrido en el último tiempo, por lo que cierta incertidumbre y sensación de duelo es entendible. 

En una pandemia –un peligro invisible, inminente y fuera de nuestro control– el miedo es la emoción dominante. ¡Pero no tiene por qué ser negativo! El miedo es un sentimiento que garantiza nuestra supervivencia y permite nuestra propia protección, ya que nos permite tomar decisiones adecuadas, responsables y conscientes. 

El problema es cuando el miedo deja de ser funcional y se vuelve paralizante. Por supuesto, esto dependerá de la propia experiencia de cada uno con el virus: si perteneces a la población de riesgo, si conoces a alguien que falleció o enfermó gravemente o si has sido testigo cercano de la crítica situación que vivieron los servicios de salud, es más probable que sientas temor de contagiarte o contagiar a alguien más en el mundo exterior. 

“Cada caso es único”, señala la psicóloga Noelia Vargas. Por lo tanto, el desarrollo o no de un problema psicológico dependerá de la historia y circunstancias vitales en términos individuales. “No es lo mismo la persona que está pasando el confinamiento en una casa amplia, con patio o jardín, que una que vive hacinada con su familia en 50 metros cuadrados”. Además, afirma que también habrá personas que no experimenten este malestar para nada, y no sentirán temor de volver a su trabajo. 

“FIEBRE DE CABAÑA”, ¿QUÉ HACER? 

Dado que cada caso es único y cada persona reaccionará de manera distinta, acorde a sus propias vivencias, no existe una fórmula específica para afrontar el temor al desconfinamiento. Afortunadamente, siempre hay algo bueno que puede salir de todo esto. 

“No podemos controlar el tener miedo o sentir incertidumbre, pero sí elegir o aprender a responder a ello”, dice Vargas. Por lo mismo, según la experta, no tenemos por qué evitar estas emociones o “aprender a afrontarlas” como si se trataran de una enfermedad patológica. Después de todo, sólo son emociones humanas, una respuesta frente a la situación que estamos viviendo. 

Puedes ir abordando este cambio al trabajo presencial y salir del confinamiento, considerado estas claves:

1. Identifica tu miedo:

Pon atención a los aspectos frente a los cuales se manifiesta el miedo, ya que te resultará de ayuda para responder ante él. No es lo mismo sentir miedo ante el riesgo de contagio que sentirlo por la socialización, en aquellos entornos y círculos sociales que ahora ves con cierta aversión (espacios cerrados con mucha gente, fiestas con amigos que no ves hace meses, viajar en transporte público).

2. Parte de a poco:

Dedica un tiempo cada día a afrontar ese miedo, en lugar de evitarlo, para superarlo y convertirlo en coraje. Al miedo hay que usarlo como un recurso, no como un límite. Empezar a salir poco a poco —por ejemplo, a tirar la basura, hasta la esquina, a dar una vuelta a la manzana— puede ser un buen punto de partida. Y si sientes que tu miedo es más íntimo y personal, consulta a un profesional que pueda apoyarte psicológicamente. 

3. ¡Usa mascarilla! 

La libertad debe ser tomada con responsabilidad. Esto es importante porque vamos a convivir con el coronavirus al menos un año más, hasta que podamos acceder a una vacuna que permita inmunizar a toda la población. Por eso, procura mantener las normas de distanciamiento en aquellas situaciones que lo ameriten, y no olvides continuar con aquellas medidas de protección que te hacen sentir seguridad: mascarillas, gel desinfectante, lavarse las manos constantemente y tomar medidas de higiene cada vez que vuelvas a casa desde el exterior. 

Quizás no sentirás fiebre, ni experimentarás ningún problema respiratorio. Quizás ni siquiera te darás cuenta de que tienes miedo hasta que el desconfinamiento sea real, y aun así pienses dos veces antes de salir de casa. La “fiebre de cabaña” no es una enfermedad (y ya vimos que ni siquiera existe como síndrome), sino una respuesta normal al traumático momento en que nos encontramos actualmente. Pero, lo cierto es que con “fiebre de cabaña” o sin ella, podemos ya ir preparándonos mentalmente para una salida a los espacios comunes con otras personas, en el trabajo y en la calle, ahora que en algunas comunas ya se está levantando la cuarentena.

Por Equipo Espacio Mutuo

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