Si crees que no pierdes peso porque tienes un “metabolismo lento”… acá te mostramos cómo acelerarlo

por | May 24, 2021 | Vivir Mejor

Si has intentado perder peso en algún punto de tu vida, lo más probable es que hayas estudiado a fondo tu tipo de metabolismo. Y lo más probable es que haya sido una experiencia desesperanzadora: nada te rompe más el corazón que escuchar a la persona más delgada que has visto, jactarse de que “puede comer lo que sea porque tiene un metabolismo tan rápido que nunca engorda”.   

Sin embargo, antes de rendirte, es importante comprender que la mayoría de las personas no entiende realmente lo que significa tener un metabolismo lento o rápido. Y es que cuando hablamos de “velocidad”, en realidad nos referimos a la cantidad de calorías que nuestro cuerpo quema durante el día – alguien con un metabolismo más lento no utilizará la misma cantidad de energía para hacer la misma tarea que alguien de metabolismo rápido. 

Pero… ¿varía tanto la velocidad del metabolismo entre una persona y otra? 

LA ENERGÍA QUE TU CUERPO NECESITA

Si no estudias biología desde tus años escolares, no te preocupes: aquí encontrarás todo lo que necesitas saber. 

El metabolismo es el término que se refiere a todas las reacciones químicas necesarias para mantener la vida en un organismo. Éste realiza 3 tareas principales: convertir los elementos en energía; descomponer los alimentos en sus componentes básicos (proteínas, lípidos y algunos carbohidratos); y eliminar los desechos de nitrógeno. 

El valor energético de un alimento se mide en calorías. Si te preocupa la velocidad de tu metabolismo, es probable que te refieras a la cantidad de energía que obtienes de los alimentos que consumes, y en la cantidad que usa tu cuerpo. 

¿EN QUÉ GASTAS TU ENERGÍA?

Te sorprendería la cantidad de energía que tu cuerpo requiere cada día por el simple hecho de existir. Así, tus necesidades calóricas se dividen en 2 categorías: la tasa metabólica basal, que es la cantidad mínima de calorías necesarias para las funciones básicas en reposo; y el gasto de energía en reposo, que es la cantidad de calorías que usa tu cuerpo mientras descansa o duerme y que equivale al 60%-65% de tu gasto total de energía. 

Esto ni siquiera toma en cuenta las calorías que necesitas para todo lo demás que haces –incluso cuando sientes que no haces mucho–, como moverte (25%-30%), pensar e incluso digerir alimentos (5%-10%). De esta forma, tu gasto total de energía combina todo: la energía que gastas cuando estás en reposo más lo que gastas en otras actividades. 

CUÁL ES TU NÚMERO

Por supuesto, hombres, mujeres y niños tienen necesidades calóricas diferentes para el día a día. La ingesta diaria de calorías para una mujer adulta de 57 kilos varía entre las 1.600 y 2.400 calorías por día; para un hombre de 70 kilos, las calorías pueden oscilar entre las 2000 y 3000 calorías al día. 

En cambio, los niños pequeños queman alrededor de 120 calorías por kilo al día, por lo que poseen el metabolismo más alto de todos. Claro, ese requerimiento extra de calorías es necesario para el crecimiento, por lo que esa proporción disminuye continuamente a medida que el niño crece

Entonces… si 2 mujeres del mismo peso pueden tener necesidades calóricas que varían hasta en un 30%, ¿eso significa que la mujer que consume más calorías tiene un metabolismo más rápido que la mujer cuyo cuerpo usa menos calorías? 

Pues, no necesariamente. Para calcular el gasto energético total, también debes agregar el factor de actividad – una de las mujeres podría pasar más parte de su día siendo físicamente activa, por lo que su cuerpo necesitaría más energía (como para ir caminando al trabajo y después a una clase de yoga, por ejemplo). 

ENCUENTRA TU PROPIO RITMO

La genética, el sexo, la edad, la composición corporal y la cantidad de ejercicio que haces también son factores que afectan tu tasa metabólica, por lo que no todas las personas requieren la misma cantidad de calorías para cada día. 

Además, el estado de salud es determinante. La glándula de la tiroides, por ejemplo, ubicada justo debajo de la manzana de Adán en el cuello, es un gran regulador del metabolismo: mientras más tiroxina produzca, mayor será su tasa metabólica basal (provocando una pérdida de peso involuntaria). La fiebre, por su parte, también hace de las suyas: por cada aumento de 0,5°C en la temperatura corporal interna, la tasa metabólica basal aumenta en un 7% aproximadamente. 

Pero en lugar de enfermarte a propósito para tener fiebre y acelerar así tu metabolismo, lo mejor que puedes hacer es intentar modificar la composición de tu cuerpo. Las personas con mayor porcentaje de grasa corporal quemarán menos calorías en reposo que aquellas que poseen mayor masa muscular, puesto que el tejido muscular en el cuerpo es más activo metabólicamente que el tejido graso. 

De hecho, eso explica por qué la tasa de metabolismo basal decrece con la edad: a medida que la gente envejece, va perdiendo masa muscular y ganando tejido graso, lo que equivale a una disminución en la tasa metabólica basal de aproximadamente 1% a 2% por década. Suena como un proceso lento, pero llegada cierta edad, ese pequeño porcentaje extra no pasa desapercibido… 

¡DEPENDE DE TI!

Si quieres seguir lamentándote de que los dioses de la genética no te brindaron un metabolismo naturalmente acelerado, es tú decisión. Pero si efectivamente quieres hacer algo al respecto, la buena noticia es que depende de ti: aumentar tu masa muscular y tu nivel de actividad física para darle un impulso a tu metabolismo es la solución. 

Al aumentar la masa muscular, aumentarás también la cantidad básica de calorías necesarias para mantener a esos músculos, transformando a tu cuerpo por completo – tanto por dentro como por fuera. Sí, es un compromiso a largo plazo, pero los resultados hacen que todo valga la pena. Y tú, ¿qué esperas? 

Por Equipo Espacio Mutuo

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