La Buena Ansiedad: el poder de la emoción más incomprendida

por | Sep 27, 2021 | Vivir Mejor

La doctora Wendy Suzuki es profesora de Ciencia Neuronal y Psicología en la Universidad de Nueva York, Estados Unidos. Su principal foco de interés es la plasticidad del cerebro – ya en su primer libro, “Cerebro Sano, Vida Feliz”, la experta analizaba mecanismos para activar el cerebro, llegando incluso a ser discutidos en televisión. 

Hoy, sin embargo, la agenda de la doctora Suzuki está dedicada a defender a lo que ella considera “la emoción más incomprendida”: la Buena Ansiedad. ¿Suena extraño? Pues a continuación compartimos 5 reflexiones que deja su último libro al respecto, titulado “Cómo aprovechar el poder de la Buena Ansiedad”, escrito en conjunto con Billie Fitzpatrick.

  • Estamos viviendo una epidemia de ansiedad.   

La ansiedad es ese sentimiento de preocupación, nerviosismo o malestar que sientes ante un evento inminente o una situación con un resultado incierto. Y es más común de lo que crees, al menos en su forma cotidiana, no clínica. 

¿Sabías que ya antes del inicio de la pandemia de COVID-19, el 90% de los estadounidenses levantaron la mano cuando se les preguntó si sufrían de ansiedad? Incluso a la doctora, que estudia la ansiedad profesionalmente, le sorprendió esta estadística. Dada su ubicuidad actual (capacidad de estar presente en todas partes al mismo tiempo), es fundamental desarrollar una estrategia inteligente y basada en la ciencia para combatir la ansiedad.

  • La ansiedad puede ser buena. 

La ansiedad y su respuesta fisiológica frente al estrés evolucionaron para protegernos del peligro, y son fundamentales para nuestra supervivencia. 

Imagina que eres una mujer humana primitiva -una cavernícola- hace cientos de miles de años, recolectando bayas al borde de un arroyo mientras cargas un bebé dormido. De repente, escuchas el crujido de una ramita y te congelas: Tu frecuencia cardíaca se acelera. Tu respiración aumenta. La sangre corre de tus sistemas digestivo y reproductivo a tus músculos porque, en unos segundos, o vas a luchar contra una criatura grande que podría venir hacia ti desde el bosque, o vas a huir rápidamente.

Ésta es la clásica respuesta de “pelea-o-huye”, respaldada por lo que se conoce como el sistema nervioso simpático. Como humanos modernos, nuestros cuerpos responden a las amenazas percibidas exactamente de la misma manera – la diferencia es que hoy tenemos muchas más ramitas que se rompen a nuestro alrededor. El ciclo de noticias inagotable y nuestro feed de Instagram son recordatorios constantes de situaciones que provocan ansiedad, y nuestro sistema nervioso no puede diferenciar entre un depredador que podría atacarnos o la posibilidad de una nueva variante del coronavirus. Como resultado, tenemos altos niveles de ansiedad y estrés.

Sin embargo, si podemos modular esta descontrolada respuesta de ansiedad hacia niveles más normales, podemos comenzar a aprovechar la protección que se supone que debe hacer nuestra ansiedad.

  • ¿Cómo le bajo el volumen a mi ansiedad?

Para bajar el volumen de la ansiedad, necesitamos utilizar el sistema nervioso parasimpático de “reposo y digestión”. Ésta es la respuesta de relajación que se activa después de que ha pasado un peligro y restaura el cuerpo a su estado libre de estrés. La forma más fácil y rápida de invocar conscientemente el sistema parasimpático es la respiración profunda.

Inténtalo ahora mismo: siéntate en tu silla, bien y con la espalda recta. Pon ambos pies en el suelo y abre el pecho. Inhala contando hasta 4, mantén por 4, exhala por 4, y luego mantén por 4 de nuevo. Repite cuantas veces sea necesario. 

Incluso esta sencilla ronda de respiraciones puede traerte de regreso al presente y activar tu sistema nervioso parasimpático. Puede que no funcione todas las veces, pero la mayoría de las veces lo hará –incluso en las profundidades de un ataque de ansiedad.

  • Aprende a apreciar las emociones incómodas que vienen con la ansiedad (¡y lo que pueden enseñarnos de nosotros mismos!)

La doctora Suzuki cuenta: “Mientras escribía este libro, me encontré a mi misma haciéndome amiga de mi propia ansiedad. Está bien, lo admito: no es un amistad cercana ni cariñosa, es más bien molesta. Pero comencé a apreciar lo que esas emociones incómodas me enseñaban de mí misma”. 

La experta da un ejemplo más específico de su propia experiencia. “Una de mis ansiedades más antiguas de la infancia es la ansiedad social. Yo era una niña muy tímida e introvertida, y cuando debí enfrentarme al estrés de intentar ganarme un puesto en la Universidad de Nueva York, la estrategia que elegí fue aislarme y no hacer nada más que trabajar, porque asumí que esa era la mejor manera de ser lo más productivo posible”, relata. 

“Lamentablemente, me descubrí experimentando niveles realmente altos de estrés, y sólo con el tiempo me di cuenta de lo útil que era acercarme a esos amigos de los que me había aislado”, continúa la experta. “Si bien aún experimentaba ansiedad social, aprendí de ella y me di cuenta de que mantener los lazos sociales podría ser un amortiguador contra otros tipos de estrés en mi vida”, concluye. Así, apoyarse en tus ansiedades puede enseñarte sobre tus valores y lo que más te hace falta en la vida.

  • La ansiedad puede darte superpoderes. 

Aprender a apoyarse en la ansiedad proporciona dones extraordinarios. La doctora Suzuki, sin embargo, comparte su favorito: el poder de la empatía.

“Cuando era más joven, por ejemplo, mi ansiedad social no sólo me impedía hacer amigos, sino que también afectaba mi desempeño en el aula, ya que tenía miedo de hablar, de hacer preguntas y de equivocarme”, cuenta la investigadora. Según relata, no fue hasta convertirse en maestra y oradora que tuvo que aprender a superar esa ansiedad. “Hoy, debido a mi propia experiencia como estudiante tímida y socialmente incómoda, me di cuenta de que inconscientemente me estaba acercando a todos esos estudiantes de mi clase que eran como yo, que eran un poco tímidos y vacilantes en interactuar conmigo frente a la clase”, explica.

La doctora se aseguró de que hubiera suficiente tiempo para que los estudiantes pudieran interactuar con ella de manera informal, antes o después de la clase, o durante el horario de oficina. Quería interactuar y hablar con tantos estudiantes como fuera posible para asegurarse de que tuvieran la oportunidad de decirle lo que aprendieron, de decirle qué les interesaba aprender. “Sé lo satisfactorio que es eso como estudiante, y sé lo que se siente como estudiante tímido y socialmente ansioso”, dice.

Para la doctora Suzuki, esa misma ansiedad social que la torturaba cuando niña se convirtió en uno de sus mayores dones como docente: la empatía por los y las estudiantes tímidas del salón de clases. 

Por lo mismo, el desafío para nosotros es el mismo: mirar hacia adentro, examinar nuestra ansiedad más antigua y preguntarnos: ¿Cómo podemos cambiar eso y convertirlo en un regalo para el resto del mundo?

Por Equipo Espacio Mutuo

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