¿Dormir como un bebé? Cómo la pandemia ha afectado el sueño de niños y adolescentes

por | Ago 31, 2020 | Vivir Mejor

Cuando eres adulto, son varias las cosas que te quitan el sueño. Tanto así que se vuelve un bien preciado: llegada cierta edad, comienzas a respetar minuciosamente tus horas de descanso y aprendes que no hay peor frustración que la de un ciclo de sueño incompleto o insatisfactorio.

Durante la pandemia, el sueño ha sido uno de los aspectos de la vida cotidiana más perjudicados. El estrés del teletrabajo, los cambios de rutina y la ansiedad del virus han provocado una serie de trastornos del sueño en las personas, tales como insomnio o pesadillas.

Pero estos no se limita solamente a los adultos: ¿le has preguntado a tus hijos cómo han dormido en este tiempo?

¿DULCES SUEÑOS… O UNA GRAN PESADILLA?

Aunque superficialmente parecieran estar ajenos a la crisis sanitaria, los niños y adolescentes también han sufrido cambios radicales en sus hábitos de sueño a partir de la pandemia.

Stephen Becker y Alice Gregory, ambos especialistas del sueño, publicaron una editorial en el Journal of Child Psychology and Psychiatry acerca de los impactos del COVID-19 en el descanso de los niños. Los expertos argumentaron que, debido al gran rol que juega el sueño en su bienestar –con beneficios que van desde la salud mental hasta una mayor resistencia a enfermedades–, es primordial observar de cerca los cambios en el sueño de la población más joven.

Mientras algunos niños y adolescentes han aprovechado la flexibilidad de sus jornadas para tener más y mejores horas de sueño, otros han visto su ciclo interrumpido por la ansiedad, el exceso de aparatos electrónicos y el desorden de sus rutinas diarias.

DORMIR COMO UN BEBÉ, PERO EN PANDEMIA

A fines de julio, la revista médica Journal of Sleep Research publicó un estudio realizado por la Universidad de Zunyi, en China, acerca de los patrones del sueño de 1,619 niños de la provincia de Guizhou, en las cercanías de Wuhan. Los niños investigados, de entre 4 y 6 años, llevaban un mes en cuarentena al momento del estudio, en febrero de este año.

Los resultados del estudio mostraron que, durante la pandemia, los niños se acostaban casi una hora más tarde de lo habitual (57 minutos más tarde en día de semana, en promedio) y se despertaban aún más tarde: una hora y 52 minutos más tarde que los días de semana pre-pandemia.

En otras palabras, estos niños estaban durmiendo más por la noche que antes y dormían menos durante el día: sólo un 27,5% tomaba siestas durante el día, en comparación con el 79,8% que lo hacía de forma rutinaria durante 2018. Lo que más llamó la atención de los investigadores es que durante este año se reportaron menos trastornos de sueño en la muestra de niños pandémicos: los índices de despertares nocturnos, somnolencia diurna, resistencia a la hora de acostarse y ansiedad por dormir, fueron más bajos que en las cifras de años anteriores.

LAS DOS CARAS DEL SUEÑO EN PANDEMIA

Los científicos dedicados a estudiar el sueño declaran haber observado efectos tanto positivos como negativos en los ciclos de niños y adolescentes durante la crisis sanitaria.

Para aquellos menores cuyas jornadas escolares comenzaban temprano, la cuarentena les ha permitido “dormir mucho más acorde a su ritmo circadiano”, explica la doctora Judith Owens. Así como los niños del experimento chino, estudiantes a lo largo de todo el mundo están teniendo “más y mejor sueño” que aquel que recibían cuando asistían presencialmente a clases. Sin embargo, nada es perfecto: por supuesto que no están recibiendo educación en formato físico, interacciones sociales, deporte ni actividades extracurriculares.

De todas formas, la pandemia ha permitido estudiar con mayor atención los diversos factores que determinarían la calidad de sueño de niños y adolescentes. Los investigadores chinos especularon que horarios más flexibles, una menor carga académica y una mayor capacidad de respuesta por parte de los padres, pueden haber reducido el estrés, lo cual disminuye los problemas del sueño. De la misma forma, los trastornos del sueño fueron menores en aquellos hogares con una dieta regular, un ambiente familiar armonioso y una mejor comunicación entre padres e hijos.

EL ENEMIGO NÚMERO UNO: LA TECNOLOGÍA

Pero no todos los descubrimientos del estudio son positivos. Mientras algunos niños demostraron una mejoría en su ciclo de sueño, otros exhibieron un número mayor de trastornos durante la pandemia.

¿El culpable? Precisamente aquello que nos ha permitido seguir activos y conectados durante esta crisis: la tecnología. La doctora Adiaha Spinks-Franklin, pediatra de la Universidad de Texas, Estados Unidos, es categórica: “Los dispositivos electrónicos son el enemigo número uno del sueño”.

La experta señaló que las pantallas se han transformado en el mayor problema de sus pacientes, expuestos durante gran parte del día a sus computadores, celulares y otros aparatos tecnológicos. La doctora enfatizó la necesidad de tener una hora libre de pantallas antes de acostarse: “El cerebro necesita una hora para calmarse”, explica.

CONTROL PARENTAL

Spinks-Franklin tiene un consejo para los padres y madres que atraviesan esta pandemia con hijos menores: resistir. “Resiste cualquier argumento de tus hijos para convencerte de que los dejes llevar el teléfono a la cama”, indica la doctora. “Cómprales un reloj si es necesario, en lugar de poner la alarma del celular. Pon campanas en la manilla de la puerta, encierra los dispositivos electrónicos en un cajón de tu habitación, duerme con una llave alrededor del cuello si es necesario”, recomienda.

Y es que el compromiso parental no se limita solamente al control del consumo electrónico. La doctora Owens, quien también participó en el estudio chino, declaró estar sorprendida de las variadas formas en que los padres habían aprovechado este tiempo para participar más con sus hijos, y cómo esto había resultado sumamente útil respecto al sueño.

“Cuando los niños sienten que sus cuidadores están comprometidos, abordan los miedos, y establecen límites apropiados, el sueño mejora”, explicó la experta. “No es sólo lo que haces por la noche lo que ayuda con tus ritmos circadianos, se trata de tener horarios de comida regulares, tener cosas que hacer a una hora determinada durante el día, todos los días”. La exposición a la luz natural y el ejercicio también son importantes para subrayar los ritmos circadianos naturales.

A medida que la pandemia avanza y comienza el segundo semestre escolar (online, claro está), el verdadero impacto del coronavirus en el sueño de niños y adolescentes aún está por verse del todo. Las clases virtuales y las cuarentenas varían a través de todo el mundo, y los científicos están ansiosos por realizar más análisis.

“Aún falta mucho que aprender respecto de las potenciales consecuencias que las diversas plataformas de aprendizaje tienen en el ciclo de sueño y la salud mental”, dice la doctora Owens. Mientras tanto, los consejos son sencillos: estar ahí para los integrantes más pequeños de la familia, intentar regular el consumo de pantallas electrónicas y mantener una rutina saludable y –dentro de todo– constante.

Así, idealmente, aprendamos a ver la primera etapa de esta pandemia como una mala pesadilla, de la que seguimos aprendiendo.

Por Equipo Espacio Mutuo

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