Cuidado con el “teatro de la sanitización”: la higiene profunda podría darnos una falsa sensación de seguridad

por | Ago 10, 2020 | Vivir Mejor

Aunque científicos alrededor de todo el mundo han invertido este tiempo en descifrar el comportamiento del virus, estudiar sus características y rastrear su circulación, aún no se tiene una idea perfecta y a prueba de dudas. Las investigaciones continúan y la información ha debido irse actualizando momento a momento.

Si bien en marzo se hablaba de la transmisión del virus a través del solo contacto con superficies infectadas -lo cual llevó, por ejemplo, a que muchas personas desinfectaran minuciosamente cada uno de los productos que adquirían en el supermercado- hoy las indicaciones generales de precaución han tendido a cambiar.

En mayo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades actualizaron sus pautas: el COVID-19 se propaga fácilmente en encuentros cercanos mediante conversaciones o estornudos, pero aclararon que tocar una superficie “probablemente no sea la principal forma de propagación del virus”. Otros científicos han llegado a una conclusión aún más contundente, como el profesor Emanuel Goldman, de la Escuela de Medicina de Rutgers, en Estados Unidos: “La transmisión del COVID mediante superficies no está en absoluto justificada por la ciencia”.

Sin embargo, a medida que algunas comunas se preparan para una gradual reapertura, las sanitizaciones y limpiezas profundas se han transformado en la puesta una acción que busca reflejar la preocupación activa por prevenir posibles contagios en el comercio o las empresas. En cierto modo, la lucha contra el virus es vista como una batalla antimicrobiana, que garantice que los patógenos se eliminen de cada metro cuadrado de toda superficie.

Pero, ¿y si todo esto es sólo una gran pérdida de tiempo?

EL TEATRO DE LA SANITIZACIÓN

En países como Estados Unidos, donde se pretende volver a la “nueva normalidad”, los restaurantes están invirtiendo en importantes empresas de sanitización para supervisar la constante limpieza de sus sillas, mesas, menús y ventanas. Algunos gimnasios aseguran a sus clientes que no dejarán “ningún rincón, ninguna máquina sin desinfectar” e incluso se están tomando medidas radicales, sin precedentes: en Nueva York, el Metro está cerrando cada noche -algo que jamás había ocurrido en sus 116 años de existencia- para empapar cada asiento, pared y poste con una poderosa mezcla de antisépticos y sprays desinfectantes electroestáticos.

Al parecer, nadie se enteró de que las pautas del COVID-19 fueron actualizadas. Como alguna vez ocurrió con la exhaustiva seguridad en los aeropuertos tras los atentados terroristas del 11 de septiembre, el coronavirus despertó una ansiedad mal dirigida e incontrolable en las personas, y en el caso del Covid, inspirando así a empresas y familias a obsesionarse con la higiene, pero descuidando otras medidas como respetar la distancia social.

Estos rituales de reducción de riesgo nos hacen sentir más seguros, claro, pero en realidad no hacen mucho por reducir el riesgo en sí –incluso menos si consideramos que existen otras actividades muchísimo más peligrosas que están permitidas. A esto le llamamos “teatro de la higiene”.

IMPROBABLE, AUNQUE NO IMPOSIBLE

Como se ha sostenido, los científicos aún están estudiando el comportamiento del virus. No saben con exactitud de dónde vino, cómo tratarlo ni cuánto dura la inmunidad. Sin embargo, en los últimos meses la comunidad científica ha logrado ponerse de acuerdo en una teoría acerca de cómo se propaga la enfermedad: a través del aire. La enfermedad generalmente se transmite entre las personas a través de gotas expulsadas al estornudar y toser, o a través de gotas más pequeñas en aerosol (“gotículas”), como en simples conversaciones, durante las cuales el rocío de saliva puede permanecer en el aire.

La transmisión a través del contacto con superificies —esa que se daría por tocar perillas de puertas, correos y delivery, paquetes de comida y postes del metro— parece bastante rara.

Es importante notar que “bastante raro” no es lo mismo que imposible: todavía es esencial que te laves las manos constantemente. Pero la diferencia puede ser una simple cuestión de tiempo –en las horas que pueden transcurrir entre que la “Persona 1” que tose en la mano y la usa para abrir una puerta, y la “Persona 2” que toca la misma puerta y se frota el ojo, las partículas del virus pueden haberse deteriorado lo suficiente como para no contagiar a nadie.

LAS DISTRACCIONES QUE PRODUCE EL TEATRO DE LA HIGIENE

Los expertos enfatizan que las personas deben lavarse las manos, evitar tocarse la cara cuando han estado recientemente en lugares públicos e incluso usar guantes, en ciertos trabajos de alto contacto. También señalan que las limpiezas profundas están perfectamente justificadas en los hospitales –pero señalaron que los excesos del teatro de higiene sí tienen consecuencias negativas.

Por un lado, la obsesión por las superficies contaminadas distrae de formas más efectivas de combatir el COVID-19. “La gente tiene fatiga de prevención”, dice Goldman. “Están agotados por toda la información que les estamos lanzando. Tenemos que comunicar las prioridades con claridad; de lo contrario, estarán sobrecargados».

Tanto teatro puede restar recursos limitados a objetivos más importantes. En Estados Unidos, algunos colegios están considerando cerrar un día a la semana para realizar una “limpieza profunda” del establecimiento. En un momento en el que regresar a clases requerirá esfuerzos sobrehumanos de los profesores y un ingenio extraordinario de los administradores para mantener a los alumnos seguros y distanciados, dejar fuera un día completo, sólo para desinfectar superficies suena poco eficiente para prevenir el contagio, así como una gran pérdida de tiempo y recursos.

La decisión de Nueva York de gastar energía limpiando sus vagones del Metro demuestra lo absurdo que puede ser el teatro de la higiene en la práctica. Mientras las autoridades de tránsito de la ciudad consideran reducir el servicio y despedir gente para compensar la disminución de ingresos por pasajes, pretenden gastar $100 millones de dólares este mismo año en desinfectantes, pero poco dicen de campañas publicitarias que promuevan el distanciamiento social. 

Mientras las personas usen mascarillas y no se escupan entre sí, el pánico por los gérmenes del Metro de Nueva York parece irracional. En Japón, el número de pasajeros ha vuelto a la normalidad, y los brotes relacionados con su famoso y multitudinario sistema de transporte público han sido tan escasos que el virólogo japonés Hitoshi Oshitani concluyó que, en realidad, “la transmisión en el tren no es común».

LA FALSA SEGURIDAD

Por último, y lo más importante, el teatro de la higiene genera una falsa sensación de seguridad que, irónicamente, puede conducir a más infecciones. Muchos bares, restaurantes y gimnasios, donde los clientes entrenan jadeando y resoplando el aire viciado de los demás, simplemente no deberían estar abiertos en absoluto, en opinión de los expertos. Deberían ser clausurados y rescatados económicamente hasta que la pandemia esté bajo control – ninguna cantidad de jabón y cloro cambiará este cálculo.

No obstante, mientras algunas empresas son responsables en su proceso de apertura paulatina, otros invitan a extraños a espacios interiores, cerrados, sin una adecuada ventilación, para compartir las exhalaciones microbianas de los demás. La idea suena cada vez menos atractiva, ¿no? Pues bien, porque esa lógica está deformada.

El teatro de la higiene representa de forma completamente falsa la naturaleza de una amenaza que es esencialmente aérea. Es como si una ciudad costera acechada por un frenesí de tiburones voraces hiciera un llamado a la gente y los turistas a regresar a la playa diciendo: “Nos preocupamos por su salud y seguridad, por lo que reforzamos el paseo marítimo con concreto”. Encantador. Ahora las personas pueden caminar con firmeza hacia el océano y ser devorados por tiburones hambrientos.

La idea no es tenerles un miedo paralizante a los tiburones, sino tomar las medidas correctas y responsables para protegernos de ellos. En el caso del coronavirus, la mascarilla es esencial, el distanciamiento social debe ser seguido al pie de la letra y lavarse las manos. Y si practicas esto adecuadamente , quizás ya no será necesario que desinfectes con cloro cada una de las compras que haces en el supermercado. Lo importante es que, sabiendo lo que ya sabemos sobre la ruta del contagio, podrás tomar las decisiones adecuadas cuando tu comuna decida reabrir (es decir, sigues teniendo la excusa perfecta para no asistir al gimnasio).

Por Equipo Espacio Mutuo

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