Bailar le hace bien a tu cerebro, incluso más que varios tipos de ejercicio físico

por | Jun 14, 2021 | Vivir Mejor

La mayoría de las veces no puedes evitarlo. Suena una canción en la radio y tu cabeza comienza a moverse de un lado para otro, siguiendo el ritmo. O despiertas escuchando una melodía en tu mente, y todo el día te descubres moviendo los pies al son de un compás imaginario. Pues, la próxima vez que te pase algo así, deberías considerar ponerte de pie y bailar con el cuerpo completo. 

Y es que no sólo es divertido – también puede cambiarte la vida. Según numerosos estudios científicos, bailar -junto con correr, nadar, andar en bicicleta o hacer deporte- es una de las actividades que pueden contribuir a reducir el riesgo de trastornos cardiovasculares, a regular el peso y aliviar los síntomas de estrés y depresión

Por si fuera poco, los expertos han detectado cambios cerebrales producidos al bailar, incrementando la materia blanca y gris que, a su vez, podría generar un mejor funcionamiento cognitivo general. 

BAILAR, EL MEJOR DEPORTE

Cualquier atleta te lo dirá: las personas que practican deportes aeróbicos de forma prolongada en el tiempo parecen mejorar su memoria y ciertas funciones ejecutivas, como la capacidad de resolver problemas o inhibir información relevante de manera más eficaz. Sí, todo eso le ocurre a tu cuerpo cuando te ejercitas: estos cambios conductuales han sido asociados a modificaciones en las regiones temporal y frontal de nuestro cerebro, que comienzan a ser visibles a los seis meses del comienzo de la práctica deportiva.

Por suerte, existe un tipo de ejercicio aeróbico en el que no necesitas ser experto: el baile. Resulta conveniente, ya que la actividad se adapta a nuestras condiciones físicas e incluso económicas; claro, si hasta lo practicamos sin querer, en cuanto suena nuestra canción favorita en la radio.

Hay quienes van más allá y terminan apuntándose en clases de hip hop, flamenco, salsa o tango. Pero sin importar las habilidades de cada persona, el baile es para todos: mientras bailes algo que te guste, siempre serás el mejor bailarín de toda pista–ya sea solo, sola, en pareja o en grupo. 

BAILAR, LA CURA INMEDIATA

¿Realmente vale tanto la pena bailar? Pues parece que sí, porque sus beneficios son múltiples y casi inmediatos. Por una parte, nos sentimos bien y orgullosos de nuestros aprendizajes – coordinar los movimientos y el ritmo sin pisar a nadie resulta más trabajo del que se ve a simple vista. 

Por otro lado, las personas mayores que bailan mejoran el sistema de control postural, lo que se refleja tanto en el equilibrio como en la marcha. Es importante porque, a medida que pasan los años, nuestro sistema de control del equilibro cambia, incrementándose los tiempos de reacción y reduciéndose la efectividad de nuestras estrategias motoras de control postural. Existen numerosas evidencias que indican que la práctica de ejercicio físico, entre ellos el baile, mejora nuestra fuerza y resistencia muscular, nuestra motricidad y reduce la probabilidad de sufrir caídas.

UN CEREBRO BAILARÍN

Aunque lo hacemos de manera instintiva, bailar requiere focalizar nuestro sistema atencional en la actividad que vamos a desempeñar, mantener en nuestra memoria de trabajo las instrucciones, recordar secuencias previas de movimientos y poner a prueba nuestra capacidad de coordinación motora. Según un estudio reciente, este conjunto de factores refuerza la percepción y la memoria espacial, además del funcionamiento ejecutivo de la persona, que incluye el pensamiento flexible y el autocontrol.

Por otro lado, algunos investigadores han demostrado que el baile resulta más beneficioso que el ejercicio físico repetitivo para inducir plasticidad cerebral en las personas mayores. Concretamente, se comparó la práctica de baile -incluyendo nuevas y cada vez más complejas coreografías- con la práctica de ejercicio físico repetitivo, bicicleta estática y otras actividades con las mismas demandas cardiovasculares que el baile. Si bien todas las actividades mejoran tanto la salud física como cognitiva, los resultados mostraron que el baile genera cambios cerebrales más amplios.

El aspecto social del baile explica, en gran parte, su impacto en nuestro cerebro. En la mayoría de los casos, el baile implica el contacto con otra u otras personas, lo que significa poner en marcha todos los procesos de detección y procesamiento de estímulos sociales, los cuales son muy demandantes en términos cognitivos (y todo mientras intentas no perder el ritmo…). 

Y, finalmente, está la música. En el contexto del baile, la música activa a nivel cerebral procesos de empatía, modifica estados de consciencia y aviva sentimientos que tienen sus raíces en nuestra historia evolutiva y cultural. La ciencia ha puesto de manifiesto que todas aquellas actividades de ocio asociadas a la música aportan beneficios cognitivos y emocionales.

Como ves, el baile es aquel ejercicio que te hace falta tanto física y mental como anímicamente, y cuyos beneficios cognitivos, psicológicos y sociales se observan de inmediato. Para una actividad tan sencilla, el hecho de que brinde frutos a pocos meses de comenzar su práctica resulta casi milagroso. Entonces, ¿qué esperas? ¿Bailamos?

Por Equipo Espacio Mutuo

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