Diseñar ciudades más seguras… ¿Qué cambios serán necesarios después de la pandemia?

por | Dic 7, 2020 | Nuevas Miradas

A través de la historia, son las grandes ciudades las que han atraído a la mayor cantidad de personas. Después de todo, en cualquier lugar del mundo, los núcleos urbanos cuentan con los mejores hospitales, los profesionales más cualificados y las infraestructuras de todo tipo más desarrolladas. Parecieran ser el lugar idóneo para habitar. 

A menos, claro, que estalle una pandemia global. Piénsalo – en toda obra de ficción que incluya un virus altamente contagioso, la población siempre busca huir de ellas cuanto antes, ya que es ahí donde el riesgo de contagio es mayor. 

El COVID-19 ha puesto en evidencia la paradoja de las ciudades: aunque ofrezcan la mejor atención médica y posean las estructuras sanitarias de última tecnología, ¿podrán las ciudades adaptarse a un diseño más seguro contra las epidemias y reducir así su rol como foco de contagio?

LA HIGIENE SALVA VIDAS

En caso de pandemia, “el sitio más seguro donde estar es allí donde no haya otros humanos”dice Abram Wagner, epidemiólogo de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, a raíz de un estudio de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, que identificaba a los países isleños como los lugares perfectos para refugiarse de una gran epidemia, gracias a su frontera natural impuesta por la geografía. 

Las aglomeraciones urbanas han desempeñado un lamentable papel protagonista en la transmisión de enfermedades infecciosas. En ellas proliferaron azotes como la peste negra o el cólera, cuando las ciudades aún carecían de la higiene básica – lo cual llegó a su punto más álgido con las grandes migraciones del campo a las ciudades durante la Revolución Industrial. 

Por suerte, el ser humano utilizó esas experiencias como importantes lecciones de aprendizaje. Episodios como la epidemia de cólera de 1854 en Londres, por ejemplo, impulsaron mejoras esenciales en la calidad del agua, la recogida de basuras y el alcantarillado. Gracias a esos avances, las ciudades de hoy ya no son el caldo de cultivo de gérmenes que eran antes. 

Pero si algo hemos aprendido con el coronavirus, es que estos “avances” y “mejoras” no significan aplicar medidas de desinfección excesivas que, además de inútiles, son incluso dañinas. Por supuesto que no – el arma más eficiente que tenemos para combatir los virus y gérmenes son la limpieza y el lavado de manos. Y, aún así, ciertos países insisten en la fumigación o el rociado de espacios exteriores, como calles y mercados, a pesar de que la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) adivirtió que no es un método recomendado para matar al COVID ni otros patógenos. La ciencia actual apunta a que el riesgo de transmisión por superficies u objetos es mínimo y, como alerta un reciente artículo en The Lancetun exceso de desinfección puede llevar a “una reducción en la diversidad del microbioma y un aumento en la diversidad de genes de resistencia”.

EL AIRE QUE RESPIRAS

En comparación con la higiene, la calidad del aire es menudo un aspecto dejado de lado en cuanto a los espacios urbanos construidos –y que, sin embargo, durante la actual pandemia, se está revelando como un factor vital para controlar la propagación del virus. 

La proliferación de zonas verdes en la ciudad tuvo el fin original de mejorar la calidad del aire y proveer de lugares que les permitieran a las personas realizar actividades saludables, como el ejercicio físico. El día de hoy, sin embargo, cada vez existe una mayor consciencia del beneficioso impacto que los espacios verdes tienen en la salud mental de los ciudadanos – por lo mismo, la decisión de ciertas autoridades de clausurar los parques durante la pandemia ha sido altamente cuestionada

Más allá del aire libre, la pandemia también ha puesto el foco de atención en la circulación de aire en interiores. Hasta ahora, la edificación destinada a usos laborales ha impuesto un estilo de construcción sin ventanas reales, confiando plenamente en la ventilación y climatización del propio edificio. Hoy, sin embargo, los expertos advierten que los sistemas de aire acondicionado no sólo mantienen al mínimo su renovación de aire para reducir su consumo energético, sino que también, en el mejor de los casos, no tienen la potencia suficiente para manejar el flujo de aire necesario con los filtros adecuados para eliminar los virus del aire. Incluso en los hospitales, donde la calidad del aire es aún más crítica, la OMS ha insistido en el valor de la ventilación natural. ¿Acaso los edificios del futuro serán, en realidad, una vuelta al pasado, incluyendo ventanas físicas que se puedan abrir? 

CIUDADES CADA VEZ MÁS INTELIGENTES

El COVID-19 ha potenciado y acelerado ciertas innovaciones que, en un futuro no tan lejano, podrían formar parte habitual de la gestión urbana. Si, por ejemplo, hemos aprendido el valor de la distancia social en la contención de epidemias, la tecnología de las nuevas “ciudades inteligentes” o Smart Cities podrá monitorear los movimientos y flujos de personas y vehículos para evaluar su efecto en la propagación del virus. 

El Observatorio Urbano de la Universidad de Newcastle, el mayor del Reino Unido, recopila una multitud de datos de sensores y dispositivos para vigilar no sólo el clima, la calidad del aire o el consumo de energía, sino también para seguir en tiempo real la dinámica del tráfico y los peatones, la ocupación de estacionamientos y la posición de los autobuses. Durante la pandemia, el observatorio ha analizado más de 1.800 millones de datos con algoritmos de aprendizaje automático para comprobar el impacto de las medidas públicas adoptadas contra el virus. Utilizando sistemas de visión automática y procesamiento de imágenes, los investigadores han desarrollado algoritmos que miden la distancia social entre peatones, lo que ayuda a analizar la adherencia a las medidas y a identificar lugares en los que no es posible mantener las distancias adecuadas.

Existen muchas iniciativas que buscan hacer de las ciudades entornos más saludables y resistentes a la enfermedad, tomando especial preocupación por reducir y evitar las desigualdades entre zonas o comunas. El movimiento Healthy Cities de la OMS o la organización Archive Global son dos ejemplos a gran escala internacional, pero no es necesario abarcar a todo el mundo para hacer una diferencia: proyectos a nivel nacional o local también aportan soluciones y propuestas interesantes para blindar las ciudades contra epidemias. 

Más espacios verdes y peatonales, transportes más integrados, sensores que eviten el contacto físico, estaciones de lavado de manos, espacios públicos que puedan reconvertirse en centros logísticos o médicos, y por supuesto, volcarse al teletrabajo son algunas de las acciones que ya se están implementando en la mayoría de las ciudades del país y el mundo. Quizá, apuntan algunos expertos, la mayoría de los cambios no sean demasiado evidentes a simple vista… pero podrían marcar una gran diferencia en la próxima pandemia.

Por Equipo Espacio Mutuo

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