La ‘primera línea’ de esta pandemia no quiere tus aplausos. Sólo quiere que valores su trabajo

por | Abr 27, 2020 | Espacios de Reflexión

Desde hace ya varias semanas, todos los días sin falta, el reloj da las nueve de la noche y la población en cuarentena rompe el silencio: fuertes aplausos, chiflidos, gritos de entusiasmo y hasta vuvuzelas surgen de los patios y balcones, como una demostración de agradecimiento a los funcionarios de la salud que luchan día a día por protegernos del virus.

Otras ocupaciones de primera necesidad, como los cajeros y almacenadores de los supermercados, los recolectores de basura, los conductores y los repartidores de delivery, también han alcanzado un reciente estatus de héroes al mantenerse en sus puestos de trabajo, permitiendo así el funcionamiento esencial de las ciudades.

EL MISTERIOSO VIDEO DEL “PERDÓN”

Hace pocos días, sin embargo, un video anónimo comenzó a circular por internet con un mensaje inesperado: “Hoy no queremos darles las gracias ni aplaudirlos. Queremos pedirles perdón. Por no haber entendido el inmenso valor de arriesgar sus vidas por las nuestras, por pensar que lo que hacían ustedes podría hacerlo cualquiera”.

El anuncio no está firmado por nadie, pero fue realizado por un grupo de fotógrafos, publicistas y profesionales de marketing que buscaban concientizar acerca de la hipocresía que tantas personas (y marcas) han demostrado durante esta crisis. Con una serie de fotografías en blanco y negro, acompañadas por una sencilla narración en off, el mensaje es preciso: ¿por qué fue necesaria una pandemia para comenzar a valorar el esfuerzo de estos trabajadores y trabajadoras?

Del mismo modo, en una entrevista online de Jordi Évole, la trabajadora de una residencia de adultos mayores, emocionada por el cariño que tiene a lo que hace, explica que su labor hoy “es fundamental, pero no somos héroes”.

“NO ME DIGAS HÉROE”

La reflexión del video resuena también en otras partes del mundo. Este mes, The Atlantic publicó el testimonio de Karleigh Frisbie, una cajera de supermercado en Portland, EE.UU, quien expresó su incomodidad con toda esta “charla de heroísmo”: “Estoy agradecida de ser reconocida por el arriesgado trabajo que estamos haciendo. Estar en un ambiente donde la moral está elevada, a pesar de la incertidumbre global, es alentador (…) Pero temo que, con tanto reconocimiento y glorificación, mis colegas no vean el verdadero peligro en el cual se encuentran”.  

¿RECONOCIMIENTO MUNDIAL?

Tanto líderes nacionales como celebridades han transmitido por redes sociales sus alabanzas a la esencial “primera línea” del coronavirus, así como varios artículos han inundado la prensa internacional, en un intento por valorar el sacrificio de estos empleados y empleadas: “Deberíamos agradecer a los trabajadores y trabajadoras del supermercado por su servicio, no culparlos por las largas líneas para entrar o por el desabastecimiento”, leía una nota de Los Ángeles Times que perfectamente aplica también a nuestro contexto nacional.

Pero Frisbie está más preocupada por aquellos casos y estadísticas que no se viralizan por Twitter ni Instagram: el conductor de transporte público de Detroit, Jason Hargrove, que murió apenas dos semanas después de que un pasajero tosiera abiertamente en su bus, o los estudios que señalan que los vecindarios más golpeados de Nueva York, ciudad que se encuentra en una situación especialmente crítica, son aquellos con población de menores ingresos. 

LA LECCIÓN

El testimonio de Frisbie concluye con la siguiente idea: “No puedo hablar por cada ocupación, pero para los cajeros de supermercados, creo que la mejor manera de mostrar respeto es, simplemente, no ir. Minimiza tus salidas a comprar y hazlas rápidas y eficientes. Guarda la conversación amistosa para el próximo año, cuando todo esto se normalice. Y te lo ruego: por favor no llames héroes a mis compañeros de trabajo mientras esperas a que empaquen tus dulces y productos de belleza. Si pudieran, te cambiarían de lugar”.

Por supuesto, ni el video ni la reflexión de la cajera de supermercado pretenden desmotivar los agradecimientos (ni los aplausos) que la “primera línea” trabajadora merece. De cierta forma, sí son héroes y heroínas – sólo que lo han sido desde siempre, desde mucho antes que este virus apareciera.

¿Dejarán de ser heroicos una vez que el coronavirus desaparezca? Quizás ya no les aplaudiremos cada noche a las nueve en punto, pero eso no significa que su labor dejará de ser vital para nuestra subsistencia. Nuestro agradecimiento no debe limitarse sólo a estos tiempos de crisis: su labor es admirable, de lunes a viernes, 365 días al año. Y no es necesario decirles que son “héroes” cada vez que estemos en el supermercado o que recibamos un pedido por delivery un simple y sincero “muchas gracias” es más que suficiente.

Reconocer y agradecer el trabajo lo dignifica y brinda orgullo y bienestar a quienes lo realizan. Hagamos de esa una costumbre que se quede con nosotros para siempre.

 

Por Equipo Espacio Mutuo

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