El Miedo, la incertidumbre y sus efectos en nuestro cerebro

por | Mar 30, 2020 | Espacios de Reflexión

Escritores, intelectuales, científicos y artistas parecen estar de acuerdo en algo: “la emoción más antigua y fuerte de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y fuerte es el miedo a lo desconocido”. 

Décadas de investigación filosófica han demostrado que lo que comenzó como una simple reflexión acerca de la naturaleza humana tiene, en realidad, fundamento científico: efectivamente, el cerebro es muy sensible frente a la falta de certezas. Algunos estudiosos incluso han argumentado que el miedo a lo desconocido es el “Miedo Fundamental”, aquel que abre paso a todos los demás temores que experimentan los seres humanos. 

Por lo mismo, la capacidad de una persona para resistir períodos de incertidumbre en su vida es considerada una característica fundamental de una mente sana y estable. En un contexto como es la actual emergencia sanitaria mundial por el COVID-19, donde los ritmos y las rutinas diarias se han visto interrumpidas indefinidamente, la ciencia de la incertidumbre resulta educativa – y útil, si lo que buscas es vencerla. 

LO QUE DICE LA CIENCIA 

Básicamente, la incertidumbre interrumpe nuestros procesos mentales habituales y automáticos (aquellos que controlan nuestras acciones rutinarias) generando así un conflicto en nuestro cerebro. Esto nos lleva a un estado tanto de hipervigilancia como de sobre reacción emocional a las experiencias negativas o a la información. 

En otras palabras, la incertidumbre actúa como el combustible de la preocupación: hace que las personas vean amenazas en todos lados y, al mismo tiempo, las hace más propensas a responder de manera emocional frente a dichos peligros. 

Por lo mismo, “la incertidumbre está a la base de todos los desórdenes de ansiedad, porque siempre están orientados hacia el futuro”, explica Jack Nitschke, profesor de psicología de la Universidad de Wisconsin. Y es que el cerebro humano tiene la capacidad de imaginar las peores cosas que podrían ocurrir y, mientras mayor sea la incertidumbre, mayor será la probabilidad de que nos obsesionemos con los peores y más terribles escenarios posibles (no es coincidencia que la incapacidad de tolerar la incertidumbre gatille ataques de pánico). 

¿PEOR QUE EL CÁNCER? 

A veces, enfrentar la incertidumbre puede ser peor que enfrentar al miedo en sí. Un estudio del 2008 publicado en la revista científica Cancer Nursing descubrió que, para las mujeres que sospechaban tener cáncer de mama, los niveles de ansiedad eran mayores justo antes de recibir el diagnóstico, y no después: el período de duda tras la biopsia era el tiempo más ansioso y estresante para ellas. 

La incertidumbre incluso tiene los mismos efectos negativos en casos más cortos y triviales, como el transporte público. Investigaciones acerca de la congestión del tráfico en las ciudades han descubierto que atrasos inciertos de aviones, trenes y buses son las principales fuentes de estrés y enojo en las personas. De hecho, un estudio del 2014 descubrió que la manera más efectiva de limitar la ansiedad y la frustración de los pasajeros era mediante aplicaciones que informaran, minuto a minuto, los tiempos de espera. Daba igual si el atraso era largo – el solo hecho de eliminar la incertidumbre hacía sentir mejor a los usuarios. 

“Tener una respuesta y algo en qué concentrarte le da a la gente cierto sentido de control y, de muchas formas, eso es mejor que la incertidumbre” dice la directora del Laboratorio de Investigación por la Ansiedad y la Depresión de la Universidad de Pensilvania, Michelle Newman. Esa es la razón que explicaría también por qué a las personas les cuesta tanto desconectarse de Twitter o de las noticias. 

¿TIENES ANSIEDAD? TE RECOMENDAMOS QUÉ NO DEBES HACER

Si bien todos reaccionamos de forma distinta frente a la incertidumbre, la mayoría tiende a usar estrategias inútiles y dañinas. 

1. Mantenerse preocupados: Quienes no manejan bien la incertidumbre responden a ella a través de la preocupación, porque creen que de esta forma estarán mejor preparados para lo que se venga. ¡Falso! La preocupación daña la capacidad de resolución de problemas – para todos, no sólo para quienes sufren de desórdenes ansiosos. La angustia nos hace sentir menos confiados en nuestras habilidades y arruina nuestras ideas de solución. 

2. Consumir exceso de información: Las personas sólo pueden procesar e internalizar una cantidad limitada de información, por lo que consumir demasiada puede generar más confusión, frustración y (sí, adivinaste) incertidumbre. 

CÓMO GANARLE A LA INCERTIDUMBRE

1. Infórmate correctamente: confía sólo en medios de información oficiales (como la radio y los diarios), nada de cadenas de WhatsApp ni “fake news” de Twitter. Una vez que ya cuentes con los datos actualizados, desconéctate. No caigas en la sobreinformación que, como ya dijimos antes, es contraproducente. 

2. Concéntrate en el presente (y en lo positivo): realiza actividades que te hagan feliz, como leer un libro o ver tu serie favorita (puedes probar con películas y documentales chilenos abiertos para todos en este sitio). Lo importante es aterrizar tu mente al ahora. Si la cuarentena se te está haciendo especialmente pesada, piensa lo siguiente: es transitoria, salva vidas y lo básico, como alimentos y medicamentos, está asegurado. Repítelo hasta tranquilizarte

3. Atrévete a meditar: el mindfulness, componente de muchas tradiciones filosóficas y culturales orientales, se basa en la capacidad de “dejar ir” todo aquello sobre lo que no tenemos control. Sólo siéntate y practica tu respiración consciente, lenta y profunda, hasta que sientas más calma. Existen diversos podcasts para principiantes que te pueden servir de guía. 

4. Designa un lugar específico para estresarte: la ansiedad y la preocupación son inevitables, pero controlables. Elige un espacio de tu casa en el que normalmente no transites (un asiento que no te gusta o un sillón incómodo) y dedíca específicamente 20 minutos al día para estresarte por el coronavirus. Recuerda, debe ser siempre el mismo lugar y a la misma hora; de esta forma, tu cerebro asociará ese horario al miedo, y no te perseguirá cuando intentes trabajar o descansar. 

 

Por Equipo Espacio Mutuo

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