Carta abierta: por un mejor regreso de los niños a la nueva normalidad

por | Abr 18, 2020 | Espacios de Reflexión

¿Cómo afectará el confinamiento a la generación de niños y niñas que necesitaba correr, saltar y relacionarse con otros compañeros para desarrollar su cerebro? ¿Pueden la ansiedad y tristeza dejar secuelas? ¿Cómo gestionar el duelo por pérdidas familiares entre cuatro paredes? Afortunadamente, sabemos a gracias estudios y experiencias previas que, para un niño, el hecho de estar confinado o no poder moverse no tiene impacto en su estado emocional, ni le dejará secuelas de ningún tipo. El niño se sentirá bien si su entorno, es decir, su familia, está bien y lleva esta situación de forma tranquila

Sin embargo, si bien no habría consecuencias directas en el desarrollo de los niños y niñas del mundo, es esencial la planificación y el diseño de una vuelta a clases que esté a la altura de las circunstancias – si bien los escolares serán los mismos de antes, la “normalidad” a la que volverán será una distinta. ¿Cómo haremos que el regreso a las aulas logre transmitir la misma sensación de seguridad que antes?

A través de 2 cartas, invitamos a una reflexión abierta:

Reflexión de Fernando Bryt, psicólogo uruguayo y experto en salud mental, publicada el 5 de abril del 2020:

“Cuando se acabe el confinamiento, y vuelvan a abrir los centros educativos, no quiero que haya clases. No quiero que se “recuperen” los contenidos “perdidos”, ni que se amplíe el horario para compensar las horas “sin aprendizaje” de este tiempo. Tampoco quiero que se envíen mil deberes para abarcar las materias que no se pudieron dar.

Cuando vuelvan las clases, quiero que los niños no estén en el aula, sino que estén al menos una semana corriendo, saltando, ensuciándose, que vuelvan a casa con la ropa rota y los ojos brillando. Quiero que hagan barro, bailen y griten hasta quedarse sin voz; que tomen el sol durante horas y horas, se revuelquen por los suelos y se rían hasta el agotamiento. Que se besen y se abracen sin miedo.

Después de eso, y sólo después, que puedan reunirse con sus compañer@s y maestr@s para reflexionar sobre la experiencia que han vivido, cómo impactó a cada uno, sus familias, su barrio. Que expresen su comprensión, dudas, sentimientos, anhelos, que puedan escuchar a los demás, que recuperen el maravilloso hábito de mirarse y tocarse. Que sientan que, aunque muchas cosas cambian, otras permanecen.

Cuando acabe el confinamiento, quisiera que nos planteemos si es más importante aprender las sumas con llevada, o las reglas ortográficas, a toda costa a sin tener en cuenta para nada el contexto (personal, familiar, social) que vivimos, o si tiene más sentido nutrir aquello que nos hace seres humanos más solidarios, compasivos, comunitarios, soñadores. En definitiva, lo que realmente nos puede salvar ante cualquier situación.»

Carta abierta anónima, difundida ampliamente por redes sociales e instituciones educativas, dirigida a todos aquellos padres y madres con hijos e hijas en edad escolar que se encuentren en casa, con clases suspendidas.

Queridos padres con niños en edad escolar:

Posiblemente ustedes tiendan a planificar un horario minuto a minuto para sus hijos. Esperan así cubrir muchas horas con aprendizaje, incluidas actividades en línea, experimentos científicos y reseñas de libros. ¡Limitan la tecnología hasta que hayan terminado con todo! Pero aquí está la cuestión…

Nuestros hijos tienen tanto miedo como nosotros ahora. Nuestros niños no solo pueden escuchar todo lo que sucede a su alrededor, sino que también sienten nuestra constante tensión y miedo. Nunca han experimentado algo así. Aunque la idea de no ir a la escuela durante semanas les puede parecer genial, probablemente estén imaginando un momento divertido como las vacaciones de verano, muy diferente a la realidad de estar atrapados en casa y no ver a sus amigos.

Los problemas de conducta de sus hijos aumentarán en las próximas semanas. Ya sea por miedo, enojo o protesta de que no pueden hacer las cosas normalmente, será inevitable. Verán más ataques, berrinches y comportamientos de oposición en las próximas semanas. Esto es normal y es de esperar en estas circunstancias.

Lo que los niños necesitan ahora es sentirse cómodos y amados. Sentir que todo estará bien. Y eso podría significar romper su horario y tener que amar a sus hijos un poco más. Hornear galletas y pintar cuadros. Jueguen juegos de mesa y vean películas. Hagan un experimento científico juntos o encuentren viajes virtuales al zoológico. Comiencen un libro y lean juntos en familia. Acurrúquense bajo mantas y no hagan nada.

No se preocupen si se retrasan en la escuela. Todos los niños están en el mismo barco y todo estará bien. Cuando volvamos a clase, todos corregiremos el rumbo y nos encontraremos con ellos ahí donde se encuentren. ¡Los profesores son expertos en la materia! No pelees con tus hijos porque no quieren hacer una tarea de cálculo. No le grites a tus hijos porque no cumplen el programa. No les impongas dos horas de aprendizaje si se resisten.

Si puedo dejarles una cosa, es lo siguiente: Al final, la salud mental de nuestros hijos será más importante que sus habilidades académicas. Y lo que sintieron durante este tiempo permanecerá con ellos mucho después de que el recuerdo de lo que han hecho en estas cuatro semanas haya desaparecido. Téngalo esto en mente todos los días.

Manténganse a salvo. Es más importante salvar vidas.

Por Equipo Espacio Mutuo

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