¿Realmente «ves» a tu hijo(a)? El poder de estar presentes

por | Ene 20, 2020 | El Valor de Vincularse

Parece un mal juego de palabras, pero la idea tiene más ciencia de lo que crees. Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson, autores del libro The Power of Showing Up: How Parental Presence Shapes Who Our Kids Become and How Their Brains Get Wired”, plantean el siguiente dilema a padres y madres: ¿Crees que tus hijos se sienten vistos por ti? ¿Realmente vistos – no por lo que te gustaría que fueran, no filtrado según tus propios miedos y deseos? No es una situación fácil, pero es mejor ocuparse ahora que ver las consecuencias cuando ya sean adultos y no estén a nuestro lado para remediarlo. 

Las mamás y papás “helicóptero”, como se les conocen coloquialmente, ejercen una clase de paternidad muy intensa en la que dedican todo su tiempo y recursos en entregarle a sus hijos las mejores ventajas y herramientas. Talleres, deportes, clases extracurriculares, profesores particulares – todo lo que estimen conveniente. Y aunque para muchos esta clase de paternidad intensiva suena como la opción ideal, es un método tan problemático como agotador. 

Estudios recientes han demostrado que, además de añadir una enorme presión tanto a los padres como a los hijos por cumplir con sus propios estándares, ni siquiera es el método de paternidad óptima. De hecho, la solución es mucho más simple: estar presentes

“Estar presente” significa traer todo tu ser, tu atención y tu consciencia, a este momento determinado con tu hijo. Al practicar una presencia consciente, nos encontramos mental y emocionalmente presentes para nuestros hijos. 

Claro, es imposible lograrlo a todo momento con todo el mundo, pero la idea es hacer de la paternidad un proceso consciente de cada interacción con nuestros hijos e hijas, y de hacer los reparos correspondientes cuando no se cumpla. 

Como explican los autores en su artículo en The New York Times, este es un aspecto que se tiende a dejar de lado en los padres de hoy. Por supuesto que todo el mundo sabe que debe proteger y cuidar a los niños, y la mayoría cree también que deben ser consolados cuando se sienten frustrados. Pero eso no lo es todo. Los hijos deben sentirse queridos y escuchados tal y como son, no sólo en la medida que cumplan nuestras expectativas. 

¿Qué evita que un niño se sienta visto y comprendido? A veces, es cuando vemos al niño a través de un lente, el cual se relaciona más con nuestros propios deseos, miedos y traumas que con la personalidad individual, las pasiones y la conducta del niño en sí mismo. Incluso en los momentos más cercanos, con las mejores intenciones, caemos en la trampa de esperar que nuestro hijo sea algo que no es. Claro que queremos que sea el mejor deportista, o el mejor músico, o el mejor estudiante, pero ¿qué sucede cuando no le interesa jugar a la pelota, ni tocar un instrumento ni salir con un promedio perfecto de notas? Es importante estar dispuestos a ver a los hijos más allá de nuestras interpretaciones y suposiciones iniciales, sino más bien con curiosidad: ¿por qué hizo eso? ¿por qué reaccionó así? 

Cada niño es un individuo. Cuando nuestras propias expectativas nos llevan a percibir a ese niño como alguien distinto a quien es en realidad, somos incapaces de verlos claramente. 

Hay niños que viven la mayor parte de su infancia sin ser vistos. Nunca se sienten entendidos, rara vez tienen la experiencia de que alguien acoja sus sentimientos, tome su perspectiva, conozca sus gustos y disgustos. Imagina cómo se sienten estos niños: invisibles y solos.

Y si no podemos ver a nuestros niños, ¿a qué nos referimos cuando les decimos que los amamos? ¿Cómo podemos abrazarlos como los individuos que son?

Al final, ver a tus hijos no se trata de ser esta especie de “súper papá” que obliga a hacer deporte o la “súper mamá” que hace la tarea contigo y te revisa los trabajos. Tampoco es necesario leer mentes ni llegar a un nivel de iluminación espiritual trascendental. Y definitivamente no se trata de asistir a cada actividad extraprogramática que exista. Simplemente tienes que estar ahí, presente, permitiéndole a tus hijos sentir que los entiendes y que estarás para ellos pase lo que pase. 

De esta forma, les estarás enseñando cómo amar y construir relaciones saludables con otros. Es más probable que elijan amigos y parejas que los vean y estén presentes para ellos, y que aprendan a transmitir esa habilidad a sus propios hijos. Entonces, de seguro algún día, se sentarán contigo para una taza de café y te harán saber lo agradecidos que están por la forma en que los viste por quiénes eran y por estar de verdad presente en sus vidas. 

 

Por Equipo Espacio Mutuo

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