Comer en familia está en peligro de extinción, ¡pero los niños necesitan ese momento más que nunca!

por | Nov 7, 2022 | El Valor de Vincularse

Para las familias ocupadas, reunirse para cenar puede parecer imposible. Y, sin embargo, los niños lo necesitan ahora más que nunca.

Athena Burns, estudiante de 14 años de un colegio privado en Estados Unidos, cena en el auto de su madre 4 noches a la semana durante el viaje de una hora de regreso a casa. Sus muchas responsabilidades escolares y actividades extracurriculares la han tenido con ese ritmo de vida desde que era aún menor. 

Y no es la única afectada: su madre procura llegar 15 minutos antes de que salga del colegio para tener su propia cena sentada en el asiento del conductor. La mesa de comedor de la familia estaba tan inutilizada que hace 2 años la Sra. Black-Burns la donó, convirtiendo el comedor familiar en un salón.

“Nos preguntamos por qué tantos niños tienen ansiedad”, dice la mamá de Athena. «Pero bueno, lo cierto es que tienen un horario académico riguroso y están comiendo en el auto».

LA JOVEN CRISIS DE SALUD

La crisis de salud mental juvenil acumulada durante una década antes de la pandemia ha empeorado en los últimos 2 años. En 2021, el 44% de los estudiantes de secundaria dijeron que se sentían persistentemente tristes o desesperanzados durante el último año, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Al mismo tiempo, la creciente investigación científica muestra que reunirse para comer y conversar regularmente podría ser una forma de desarrollar la resiliencia emocional de los niños.

Las encuestas a nivel nacional muestran que la cantidad de cenas en que padres e hijos comen juntos, ha disminuido en las últimas décadas. La razón principal: los horarios conflictivos de hijos y padres que trabajan. 

“Es tan básico que la gente lo olvida”, dice Ellen Rome, directora del Centro de Medicina Adolescente del Hospital Pediátrico de la Clínica Cleveland en Estados Unidos. Reunirse alrededor de la mesa, dice el Dr. Rome, es «un mecanismo útil para crear conectividad y comportamientos de modelos a seguir que los padres quieren que sus hijos emulen».

“Tenemos muchos adolescentes que se han dedicado a tener todas sus comidas encerrados en sus dormitorios”, dice el Dr. Rome. “Es un paso significativo en la dirección contraria de la conexión familiar”.

Los adolescentes que tienen cenas familiares frecuentes tienen tasas más bajas de consumo de drogas y alcohol en comparación con los que comparten menos comidas familiares, según han encontrado varios estudios fundamentales. Los niños también tienen menos síntomas de ansiedad y depresión y es menos probable que intenten suicidarse. Las comidas familiares están asociadas con una mejor nutrición y menores tasas de obesidad entre los niños.

COMER EN LA MARCHA

Los padres y los adolescentes dicen en muchas encuestas que valoran las cenas familiares, pero las limitaciones de tiempo les impiden tener más. La presión de sobresalir en la escuela e ingresar a una buena universidad empuja a los niños a numerosas actividades extraescolares que a menudo se realizan durante la hora de la cena. Para los padres que tienen varios trabajos o turnos o traslados que se extienden hasta la hora de la cena, comer en familia simplemente no es posible.

Luego de que un doctor se preocupara por la subida de peso de Athena (ella y su madre comían muchísima comida chatarra en el auto), la Sra. Black-Burns comenzó a preparar los domingos las comidas para la semana siguiente: antes de recoger a Athena del colegio, calienta el plato principal y lo empaca en una bolsa térmica. También trae frutas o verduras y ensaladas, junto con elegantes utensilios de plástico para que “la hora de la comida se sienta especial”.

Tanto ella como Athena han perdido peso. Aún así, ambas dicen que desearían que la cena no tuviera que ser así. Athena dice que extraña los años de primaria cuando las actividades extracurriculares terminaban más temprano y alcanzaba a cenar en casa con su mamá. “Eran grandes momentos en los que podía hacer un resumen de mi día y mi mamá me contaba sobre su día. Extraño eso”, dice ella. “Aunque estemos juntas en el auto, no es lo mismo que sentarse en una mesa”.

HAMBRE DE CONEXIÓN

Una comida familiar no tiene que ser una cena. Cualquier comida que se come en familia puede ser beneficiosa, dice Jerica Berge, profesora en el departamento de medicina familiar y salud comunitaria de la Universidad de Minnesota, en Estados Unidos, y co-investigadora del estudio sobre la alimentación adolescente. 

Las cenas no tienen que involucrar a todos los miembros de la familia ni deben durar mucho tiempo, dice: de 20 a 30 minutos de conexión familiar alrededor de una mesa es suficiente. Los investigadores dicen que este tipo de tiempo de calidad también puede incluir viajes regulares juntos en el automóvil, como en el caso de Athena y su madre. 

A partir de su estudio continuado de 1997 acerca de la alimentación y el peso de la juventud, en el cual contaron con alrededor de 5.000 participantes adolescentes, la Dra. Berge y sus colegas encuestaron al mismo grupo de adultos jóvenes en 2020 y descubrieron que la frecuencia de las comidas familiares aumentó ligeramente durante la pandemia.

Otros estudios, incluidos los realizados por el Food Marketing Institute, también encontraron un aumento en las comidas familiares durante la fase de confinamiento de la pandemia, pero «estamos viendo una reversión a los comportamientos anteriores al COVID», dice David Fikes, director ejecutivo de la Fundación FMI.

Los investigadores están tratando de desentrañar qué tienen las cenas familiares que producen beneficios para la salud mental de niños y adolescentes. Algunos psicólogos creen que las cenas familiares son un indicador de otros factores asociados con mejores resultados para los niños, como mayores ingresos familiares, menos estrés familiar y relaciones sólidas entre padres e hijos. “Lo que estás midiendo es probablemente una gran cantidad de ventajas sociales que algunos niños tienen y otros no”, dice Frank Elgar, psicólogo infantil y profesor de psiquiatría en la Universidad McGill en Canadá.

La presencia de pantallas durante la cena -algo que es abrumadoramente común, según varios estudios- puede anular algunos beneficios de las comidas comunitarias. Se ha descubierto que tener la televisión prendida de fondo reduce la calidad de las comidas de los niños. Estudios más recientes han demostrado que las comidas sin distracciones digitales se asocian con tasas más bajas de obesidad e interacciones familiares de mayor calidad.

Por Equipo Espacio Mutuo

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