6 consejos para el retorno de la vida social… después de la vacuna

por | Ago 1, 2021 | El Valor de Vincularse

A medida que más y más personas reciben su segunda dosis de vacuna contra el COVID-19, las autoridades sanitarias del mundo han comenzado a actualizar sus pautas de distanciamiento: por fin, nuestra vida social está a punto de reactivarse. ¡Genial! O… ¿no? 

Tras un año y medio de restricciones y aislamiento, volver a interactuar con otras personas puede resultar abrumador, desorientador y extraño. Si este es tu caso, no te preocupes – no eres la única persona en experimentarlo. Un nuevo estudio de la Asociación Estadounidense de Psicología informó que la mitad de sus habitantes todavía se sienten incómodos con las interacciones en persona, incluso estando ya vacunados.

Por si fuera poco, muchas de nuestras habilidades y conexiones sociales se atrofiaron mientras permanecíamos encerrados, por lo que estar tan cerca de alguien con quien no has hablado en más de un año puede sentirse un tanto incómodo. ¿Deberíamos abrazarnos o no? ¿Nos abrazábamos antes de la pandemia? ¿Qué pasa si tenemos un silencio incómodo? ¿Estaré aburriéndolos demasiado? 

La verdad es que, a pesar de que Chile avanza rápidamente en el proceso de vacunación, la pandemia aún persiste tanto en nuestro país como en el resto del mundo. Pero antes de que tus temores y ansiedades te hagan renunciar por completo a la vida social, quizás sea mejor que leas los siguientes consejos, desarrollados a partir de la investigación y la experiencia. 

MUÉVETE A CONSCIENCIA – Y SÉ AMABLE

Si bien puede ser tentador salir corriendo y abrazar a cada una de las personas que ves tras la vacuna, esa no es una buena idea – y por muchas razones: desde el punto de vista médico, la mayoría de los investigadores cree que debemos proceder con cautela al momento de ampliar nuestros contactos estrechos. Y, desde el punto de vista psicológico, tú y las personas a las que quieres abrazar pueden encontrarse en una especie de shock.  

Alice Boyes, autora de The Anxiety Toolkit, recomienda establecer pequeñas metas para “ver qué beneficios obtienes al relajarte”. No necesitas zambullirte en un evento masivo de 200 personas; puedes comenzar invitando a tu casa a un amigo o amiga vacunados o trotar sin mascarilla la próxima vez que hagas deporte (si no hay restricciones expresas en ese momento). “Siempre puedes volver a ser más restrictivo si decides que prefieres más precaución”, dice Boyes. “Si lo intentas, sabrás que tienes la flexibilidad”. 

Es importante recordar que nadie está en su mejor momento por estos días. Si sientes ansiedad, incomodidad o mal genio, seguro que el resto se encuentra en una situación similar. Intenta ser amable contigo mismo, con quienes pasaron contigo la peor parte de la cuarentena y con todos a quienes conoces. Respira y relájate: lo importante es la calidad de la interacción, no la cantidad de contactos que puedas tener. Tus habilidades sociales pueden estar oxidadas, así que date tiempo para ponerlas en marcha nuevamente.

CONCÉNTRATE EN TUS HÁBITOS

 Nos tomó un año entero aprender a cuidarnos del virus y desconfiar de los hábitos de cuidado del resto de las personas que nos rodean –sólo para tener que olvidarlo todo y aprender otra vez. “Justo cuando nos acomodamos a la nueva normalidad, se llevaron a cabo las vacunas y ahora estamos una vez más en una curva de aprendizaje empinada”, dice Auey Santos, escritora de California, Estados Unidos. “Probablemente tomará la misma cantidad de tiempo desaprender este comportamiento y comenzar a confiar en quienes nos rodean. Nuestros cerebros están configurados para conectarse, pero el trauma nos reconfiguró para la autopreservación”, dice.

Pero crear nuevos hábitos no es tan simple. No es la evidencia ni los datos duros lo que nos impulsa a cambiar de comportamiento, sino las historias y los sentimientos. Entonces, ¿qué historia te estás contando a ti mismo? Al comienzo de la pandemia, el relato que nos salvó decía que quedarse en casa y usar mascarilla eran formas de cuidar a las personas más vulnerables que nosotros. A medida que las personas se vacunen, necesitaremos uno nuevo. ¿Qué te parece “es hora de reconstruir nuestras vidas y nuestra sociedad renovando nuestras conexiones entre nosotros, incluso cuando existe un riesgo involucrado” como relato? 

El punto no es que debamos abandonar las mascarillas y asistir a fiestas multitudinarias (recuerda que la vacuna no te hace inmune). Más bien, la idea es que necesitamos hacer una pausa, actualizar nuestro conocimiento y cuestionar nuestros hábitos pandémicos: ¿cuáles nos sirven todavía? ¿Cuáles deberíamos cambiar? 

“El riesgo nunca es cero y todavía hacemos cosas como conducir automóviles, aceptando este riesgo”, dice Boyes. “En general, esforzarse por evitar cualquier tipo de ansiedad no es psicológicamente saludable porque restringe demasiado nuestras vidas”. 

NO ADIVINES, PREGUNTA

Quizás no es una gran frase de conquista, pero todas nuestras interacciones sociales pandémicas deben ser abordadas con la misma pregunta: “¿Qué tan vacunado estás?”. Tanta curiosidad puede parecer invasiva, pero vale la pena si después te permite preguntar: “¿Entonces puedo darte un abrazo?”. Te apuesto a que la mayoría de las veces la respuesta será que sí. 

Si al principio no te sientes cómodo haciendo esas preguntas, todo es cosa de práctica. Pero si no planeas preguntar sobre el estado de interacción de las personas con las que te relacionas, entonces probablemente deberías restringir tu socialización a un círculo pequeño y mantener las mascarillas puestas. Y aún así, es probable que debas enfrentarte a abrazos no solicitados y mascarillas porfiadas, por lo que debes aprender a mantener tus límites.  

ACEPTA LOS LÍMITES (Y MANTÉN LOS TUYOS)

Establecer y mantener límites es una habilidad fundamental para la vida y, durante una pandemia, puede salvar vidas. El primer paso es admitir que no puedes controlar a otras personas, dice Boyes. No puedes saber con certeza si están vacunados; no puedes obligarlos a usar mascarilla o quitarse una. Lo único que realmente puedes controlar es a ti mismo.

Cuando alguien te diga que aún no está listo para abrazarte o para reunirse en un espacio cerrado, intenta no sentirte rechazado ni herido. Al establecer límites, lo mejor que puedes hacer es reaccionar con gracia y hasta gratitud: “Gracias por cuidar de ti mismo” es una respuesta posible.  

Del mismo modo, está bien -de hecho, es necesario- que establezcas tus propios límites. Tienes todo el derecho de rechazar el abrazo de alguien cuyo estado de salud no conoces, y tampoco es necesario que te quites la mascarilla para siempre. Después, incluso podrías intentar decirte a ti mismo: «Gracias por cuidarme».

RESPETA LAS EXPERIENCIAS DE LOS DEMÁS

Para muchos y muchas, el año pasado fue definitivamente traumático. Cerca de 4 millones de personas alrededor del mundo han perdido la vida por el virus, lo que significa que muchos millones más están de luto. Los sobrevivientes aún luchan con los efectos físicos a largo plazo de la enfermedad, mientras que nuevos estudios confirman que muchos trabajadores de la salud están lidiando con un trastorno de estrés postraumático profundo. Sólo en Estados Unidos, 1 de cada 4 habitantes perdió su trabajo o vivió con alguien que lo hizo. 

Sin embargo, es muy posible que hayas atravesado la pandemia con calma y tranquilidad. Muchas personas introvertidas han incluso agradecido las cuarentenas y el enmascaramiento – y diferencias así son de esperar. El COVID-19 fue (y sigue siendo) un evento mundial: miles de millones de personas fueron afectadas de formas diferentes, moldeadas por su riqueza e ingresos, género, personalidad, cultura, situación familiar, comunidades y trabajos, entre muchos otros factores.

La diversidad de experiencias es infinita, por lo que es importante abordar todas las conversaciones alrededor del virus con la mayor sensibilidad y respeto. Cuando te estés poniendo al día con un amigo o haciendo uno nuevo, simplemente no puedes adivinar qué cargas soportó durante la pandemia y más allá. 

“Cuando alguien comparte su experiencia contigo, es importante hacerlo desde la curiosidad y la gratitud”, dice Lindsey Antin, psicoterapeuta en Oakland, Estados Unidos. “Incluso sólo preguntar, ‘¿Cómo ha sido este tiempo para ti?’ le da a alguien la libertad de responder como quiera”.  

ACUDE A UN PROFESIONAL

A medida que los gobiernos levanten las restricciones pandémicas y las personas comiencen a relacionarse nuevamente, habrá muchas oportunidades para sentir ansiedad y miedopero eso no significa que debas quedarte en casa por el resto de tu vida. 

Incluso si alcanzamos la inmunidad colectiva, el COVID-19 y sus variantes se han convertido en parte del paisaje de nuestras vidas, y la enfermedad va a ocupar un lugar junto a otros peligros que tienen riesgos y tasas de mortalidad aún mayores. La vida seguirá siendo una serie de riesgos calculados, y asumimos nuestros riesgos en parte para construir una vida que valga la pena vivir.

“Si sabemos que algo es ilógico y también admitimos que afecta nuestro bienestar, entonces tenemos la responsabilidad de practicar para volver a socializar”, dice Antin. Si te retraes demasiado en tus conversaciones; si socializar te agota; si te preocupas mucho después de un breve abrazo o de un simple apretón de manos; si reflexionas en exceso sobre lo que dijiste antes; o si continúas evitando el contacto con otros seres humanos después de la vacuna, quizás es recomendable que acudas a terapia con un profesional, al menos por un tiempo. 

Tu cerebro no dejará de cuestionarse cada interacción – al menos, no en el corto plazo. Pero eso no significa que no podamos adaptarnos. De hecho, si algo hemos aprendido durante la pandemia, es eso: pase lo que pase, nos adaptaremos y resistiremos. Después de meses críticos, estresantes e inciertos, ¿no te alegra haber sobrevivido hasta finalmente ver luz al final del túnel? 

 

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